Hace más o menos

Hace más o menos una semana el encuentro era de miedo, de seguridades, de negaciones a las marchas atrás. Por el tiempo y sus dolores, por la susceptibilidad de los corazones una y otra vez vapuleados, por la inevitable decepción posible del paso de los años.

Pero el milagro se hizo, se ofició la misa, se cumplió el rito. A solas recuperando los colores, los olores, los ruidos que llegaban de la calle, arañando al tiempo otro tiempo, arañando la misma piel, acariciando el cabello, las manos, lo pies, besando los ojos de aquel hombre al que la niña ató a su corazón con el lazo del estreno de los sentidos.

Ahora que nadie nos ve, mírame al menos una vez. No bajes más la cabeza, no mires para otro lado con ese aire de desdén que me mata.

Mírame a los ojos, deja que me mire en los tuyos. Ahora que nadie nos ve y parece que no estamos acompañados volvamos a ser, furtivamente, el espejo que fuimos.

Deja que me fusione contigo al menos frente a ti para sentir que no has muerto, que existes. Y constatar que existo. No bajes la cabeza, no mires para otro lado, no me condenes a la nada pendiendo de tu infinito vacío.
Ahora que nadie nos pone atención, que a todos hemos saludado, ahora que nos hemos dado la mano como si ellas no hubieran sido nunca prolongación una de otra golondrinas buscando el único destino posible.
Dentro de nada, en cualquier momento, nos perderemos entre la gente sonriendo, daré a otros mi mano, ofreceré mi mejilla a otros.
Y pondré la otra mejilla para dejar que el dolor que me causas sea, al menos, algo que hoy me lleve de ti.

Musica heroes del silencio

Me gustaría saber lo que otras niñas y otros hombres guardan de esas cosas, comunes, intransferibles y secretas, de las que no se puede hablar y pensar es tabú. El placer irreemplazable de la omnipotencia nunca más experimentada sobre un ser grande, limpio y sus esfuerzos por evitar que miraras para otro lado. Solo él en tu mundo para su anhelo. El placer tibio del roce por segundos de los cuerpos por la estrecha escalera de casa, volar cuando te alzaba a la mesita auxiliar desde donde dominabas el interior y el exterior del mundo a tus pies, colgando con calcetines blancos.

Volviendo de la Facultad una noche, muchos años después, levanté los ojos del libro que ojeaba. Un rostro, una mirada perdida y lánguida, un abrigo con el cuello alzado, un hombre. Andrés. No se fijó en mí, miraba a través de la ventana, miraba el túnel La musica del silencio el metro corría de una estación a otra.
¿No te acuerdas de mi? Le di un golpecito en la espalda. Mudo, fija la mirada en mi rostro, inmóvil. La musica del silencio????. Me pareció que repentinamente se le nublaba la mirada.

En un bar de Callao ¿Qué pasó con aquella novia tan guapa que tenías? ,- Supe que tenías novio Susy. Si, si, en cascada, tragándonos las palabras ¿Qué haces? Ya ves. ¿Por donde vives? En que trabajas? ¿te casaste? Trampas dialécticas, fórmulas socialmente correctas, miradas bajas, gestos disimulados. Su puño derecho cerrado por si yo adivinaba, regalarme todo. Y mis piernas, colgando del taburete, con fuente  cubano y medias de cristal.

La musica del silencio (3)

Me regaló todo por que adiviné todo. Nuestros encuentros fueron en una pensión de tercera, donde se podía leer “ESTABLES Y VIAJEROS” huidos y perdidos en el tiempo, cubriendo y cumpliendo deseos y anhelos viejos que siempre fueron y serán nuevos en la diáspora de los amores y los deseos. Olor a lápices, a tabaco, a uniforme azul marino de colegio de monjas, miradas de viernes de pasión, bocaditos puestos en mi boca por mano de hombre anhelante.