Hace más o menos

Hace más o menos una semana el encuentro era de miedo, de seguridades, de negaciones a las marchas atrás. Por el tiempo y sus dolores, por la susceptibilidad de los corazones una y otra vez vapuleados, por la inevitable decepción posible del paso de los años.

Pero el milagro se hizo, se ofició la misa, se cumplió el rito. A solas recuperando los colores, los olores, los ruidos que llegaban de la calle, arañando al tiempo otro tiempo, arañando la misma piel, acariciando el cabello, las manos, lo pies, besando los ojos de aquel hombre al que la niña ató a su corazón con el lazo del estreno de los sentidos.

Ahora que nadie nos ve, mírame al menos una vez. No bajes más la cabeza, no mires para otro lado con ese aire de desdén que me mata.

Mírame a los ojos, deja que me mire en los tuyos. Ahora que nadie nos ve y parece que no estamos acompañados volvamos a ser, furtivamente, el espejo que fuimos.

Deja que me fusione contigo al menos frente a ti para sentir que no has muerto, que existes. Y constatar que existo. No bajes la cabeza, no mires para otro lado, no me condenes a la nada pendiendo de tu infinito vacío.
Ahora que nadie nos pone atención, que a todos hemos saludado, ahora que nos hemos dado la mano como si ellas no hubieran sido nunca prolongación una de otra golondrinas buscando el único destino posible.
Dentro de nada, en cualquier momento, nos perderemos entre la gente sonriendo, daré a otros mi mano, ofreceré mi mejilla a otros.
Y pondré la otra mejilla para dejar que el dolor que me causas sea, al menos, algo que hoy me lleve de ti.

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